NOCHE DE SOLEDAD
Solo la tenue luz de
las farolas rompía la telaraña que formaba aquella oscuridad impenetrable,
tejiendo sus hilos con la densa niebla que ascendía desde el río, acariciando
la ribera, adentrándose entre las aceras y calles cubriendo todo con un
increíble manto húmedo , haciendo desaparecer cualquier vestigio de vida,
tiempo, lugar y situación.
Y allá en algún sitio
cacareaban las gallinas…
En la plaza mayor
dónde se había celebrado el mercado se oía un ruido sigiloso, constante de ir y
venir, brillaban unos ojitos pequeños que se adivinaba serían ratas con sus
crías a veces interrumpidas por algún gato aburrido de intentar cazarlos, la
iglesia otrora regia, esplendida. Ahora se adivinaba imponente, austera.
Con sus piedras
radiantes ahora solo se adivinaban unas escaleras embutidas en esa mezcla de
oscuridad y niebla como queriendo ascender al cielo o mejor descender a los mismísimos
infiernos.
Las gallinas
cacareaban…
En medio del pueblo
separándolo, como marcando limites, diferencias; se intuía a rasgos el viejo
puente surgiendo entre la niebla blanca y espesa mostrando grandes trozos de
musgo envejecido quién sabe cuantos cientos de años acumulado, sus piedras
desgastadas, rugosas, bruscas y a la vez fuertes, robustas.
Cacarean las gallinas…
Sonaron unos pasos en
el enorme silencio. Tranquilos, sin prisa al contrario mas bien muy despacio,
lentos, distantes. Como una danza repetitiva, fatua, igual que si al andar
quisiera ser conciente de que cada pie enraizase en esa piedra pisada con tanto
sigilo y anclarse en ella.
Las gallinas
cacareaban…
Al llegar debajo la
vieja farola sus tristes rayos de luz dejaron entrever al dueño de aquellos
pasos que surgía entre la niebla, su cara poco a poco se fue mostrándose,
envejecida, triste, dolorida, sus ojos eran la pura expresión de la soledad, de
mil historias vividas, de cansancio, decepción…. Un traje oscuro, perfecto, impoluto acompañaba ese rostro de
amargura y decepción, quizás de haber vivido una vida que no le pertenecía, o
no quería, o no….,
Las gallinas
cacareaban…
Llegando al medio del
puente, aproximadamente. Con paso cíclico pero constante y su calma habitual ya
en el paisaje, se giró mirando el río o más bien la niebla que lo cubría, apoyó
las manos en la baranda y bajando la cabeza cual si rezara a quien sabe que
dioses, se mantuvo en la misma posición
Un tiempo que parecía la eternidad misma,
hasta que al fin levantando la pierna se sentó en la baranda, con la cabeza
apoyada en el pecho calculando quizás la distancia hasta el lecho del río.
Cacareaban las
gallinas…
Al tiempo, sin
prisas, suave, sobre todo muy suave, despacio. Empezó a columpiar las piernas
primero la derecha, después la izquierda hasta coger el ritmo que le debió
parecer adecuado, entonces lo añadió al tronco también, dando la sensación de
una danza tribal de meditación.
La niebla pareció dar
permiso abriéndole una brecha para permitir esa rítmica danza exasperadamente
lenta y precisa.
Las gallinas
cacareaban…
En su continuo vaivén
por fin sentía su mente clara, un simple salto pondría fin a su sufrimiento y
tortura, tantos años de incomprensión….de problemas acabarían en el lecho de
aquel río
Algunos pensarían que
fue una cobardía, allá cada cual .con sus conclusiones y recordó aquella
estrofa de un viejo cantor ¨¨cada uno
puede morir donde quiera¨¨
Cacareaban las
gallinas…
Una voz áspera a su
espalda le sobresaltó en sus cavilaciones “Hazlo, decídete” oyó gritar, al girarse, un hombre se abría
paso entre la niebla, mejor dicho daba la sensación que era la misma niebla la
que se apartaba para dejarle paso, vestía de azul, ropa de trabajo, estaba
empapado como si el mismo diluvio le hubiera caído encima
“Mira el río” volvió
a gritar, de repente el cauce surcado por dos pequeños hilillos de agua, sonaba
ahora con un ruido atronador y las aguas sucias de tierra y fango, arrastrando
piedras, maderas y todo tipo de restos que encontraba a su paso; alcanzaba sus
pies por lo que se apartó rápidamente, saltando hasta el firme del puente justo
enfrente del extraño que volvía a repetirle “adelante, ¿que temes ahora? Fíjate bien en esas aguas…esos restos….
Las gallinas
cacareaban…
Los dos hombres
miraban ahora la furia del agua impetuosa y bravía y el extraño proseguía
hablando con ira y a la vez lágrimas escapaban de sus mojados ojos “esas aguas
se llevaron lo que mas quería, mi casa, mi trabajo, mi mujer, mi hijita…
El ruido era
aterrador , el fin del mundo debía ser muy parecido pensó..
Allá a lo lejos el
gallo cantó…
La niebla empezó a
aclararse despacio, un tímido rayo de sol le alcanzó en la cara y como si
despertara de un largo sueño, se asomo a la baranda incrédulo, confundido para
ver un poco mas claro el fondo del río donde dos pequeños surcos de agua
arañaban el fondo lechoso, pedregoso y distante.
Volviéndose hacia
donde había estado aquella visión extraña, irreal…no vio mas que la claridad
que se abría paso de un nuevo día, excepto un pequeño charco en el que se
encontraban unas hojas de periódico cogiendolo entre sus manos, leyó la primera
pagina “Terrible riada en Sabadell” y bajo el titular una foto donde se veía un
grupo de personas ayudando a un hombre que desde la repisa del muro tendía
cuerdas inclinado hacia abajo al río
desbordado.
Y seguía el titular
.. Este hombre logró escapar de la
fábrica donde trabajaba, llegó hasta el pont de la salut donde con ayuda de
otros vecinos logró salvar a varias personas. Lamentablemente falleció mientras
intentaba salvar a una mujer con su hija pequeña agarradas a una vieja viga.
El viejo gallo volvió
a cantar….
Las luces en las
casas empezaron a encenderse, los despertadores a sonar, los coches a recorrer
aquellas calles desiertas y nuestro hombre confundido, no sabiendo bien donde
estaba ni que hacia en aquel lugar, caminó esta vez mas rápido sobre sus pasos;
no sin antes mirar la fecha del diario. “26 de septiembre de 1962 “
En su camino hacia
ninguna parte se encontró varias furgonetas de reparto su letrero era granja
Martínez, 50 años vendiendo huevos
Desde 1962 hasta
2012.
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