viernes, 8 de enero de 2016

NOCHE DE SOLEDAD

Solo la tenue luz de las farolas rompía la telaraña que formaba aquella oscuridad impenetrable, tejiendo sus hilos con la densa niebla que ascendía desde el río, acariciando la ribera, adentrándose entre las aceras y calles cubriendo todo con un increíble manto húmedo , haciendo desaparecer cualquier vestigio de vida, tiempo, lugar y situación.

Y allá en algún sitio cacareaban las gallinas…

En la plaza mayor dónde se había celebrado el mercado se oía un ruido sigiloso, constante de ir y venir, brillaban unos ojitos pequeños que se adivinaba serían ratas con sus crías a veces interrumpidas por algún gato aburrido de intentar cazarlos, la iglesia  otrora regia, esplendida.  Ahora se adivinaba imponente, austera.
Con sus piedras radiantes ahora solo se adivinaban unas escaleras embutidas en esa mezcla de oscuridad y niebla como queriendo ascender al cielo o mejor descender a los mismísimos infiernos.

Las gallinas cacareaban…

En medio del pueblo separándolo, como marcando limites, diferencias; se intuía a rasgos el viejo puente surgiendo entre la niebla blanca y espesa mostrando grandes trozos de musgo envejecido quién sabe cuantos cientos de años acumulado, sus piedras desgastadas, rugosas, bruscas y a la vez fuertes, robustas.

Cacarean las gallinas…

Sonaron unos pasos en el enorme silencio. Tranquilos, sin prisa al contrario mas bien muy despacio, lentos, distantes. Como una danza repetitiva, fatua, igual que si al andar quisiera ser conciente de que cada pie enraizase en esa piedra pisada con tanto sigilo y anclarse en ella.

Las gallinas cacareaban…

Al llegar debajo la vieja farola sus tristes rayos de luz dejaron entrever al dueño de aquellos pasos que surgía entre la niebla, su cara poco a poco se fue mostrándose, envejecida, triste, dolorida, sus ojos eran la pura expresión de la soledad, de mil historias vividas, de cansancio, decepción…. Un traje oscuro,  perfecto, impoluto acompañaba ese rostro de amargura y decepción, quizás de haber vivido una vida que no le pertenecía, o no quería, o no….,


Las gallinas cacareaban…

Llegando al medio del puente, aproximadamente. Con paso cíclico pero constante y su calma habitual ya en el paisaje, se giró mirando el río o más bien la niebla que lo cubría, apoyó las manos en la baranda y bajando la cabeza cual si rezara a quien sabe que dioses, se mantuvo en la misma posición
 Un tiempo que parecía la eternidad misma, hasta que al fin levantando la pierna se sentó en la baranda, con la cabeza apoyada en el pecho calculando quizás la distancia hasta el lecho del río.

Cacareaban las gallinas…

Al tiempo, sin prisas, suave, sobre todo muy suave, despacio. Empezó a columpiar las piernas primero la derecha, después la izquierda hasta coger el ritmo que le debió parecer adecuado, entonces lo añadió al tronco también, dando la sensación de una danza tribal de meditación.
La niebla pareció dar permiso abriéndole una brecha para permitir esa rítmica danza exasperadamente lenta y precisa.

Las gallinas cacareaban…


En su continuo vaivén por fin sentía su mente clara, un simple salto pondría fin a su sufrimiento y tortura, tantos años de incomprensión….de problemas acabarían en el lecho de aquel río
Algunos pensarían que fue una cobardía, allá cada cual .con sus conclusiones y recordó aquella estrofa de un viejo cantor  ¨¨cada uno puede morir donde quiera¨¨

Cacareaban las gallinas…

Una voz áspera a su espalda le sobresaltó en sus cavilaciones “Hazlo, decídete”  oyó gritar, al girarse, un hombre se abría paso entre la niebla, mejor dicho daba la sensación que era la misma niebla la que se apartaba para dejarle paso, vestía de azul, ropa de trabajo, estaba empapado como si el mismo diluvio le hubiera caído encima 
“Mira el río” volvió a gritar, de repente el cauce surcado por dos pequeños hilillos de agua, sonaba ahora con un ruido atronador y las aguas sucias de tierra y fango, arrastrando piedras, maderas y todo tipo de restos que encontraba a su paso; alcanzaba sus pies por lo que se apartó rápidamente, saltando hasta el firme del puente justo enfrente del extraño que volvía a repetirle “adelante, ¿que temes ahora?  Fíjate bien en esas aguas…esos restos….

Las gallinas cacareaban…

Los dos hombres miraban ahora la furia del agua impetuosa y bravía y el extraño proseguía hablando con ira y a la vez lágrimas escapaban de sus mojados ojos “esas aguas se llevaron lo que mas quería, mi casa, mi trabajo, mi mujer, mi hijita…
El ruido era aterrador , el fin del mundo debía ser muy parecido pensó..

Allá a lo lejos el gallo cantó…

La niebla empezó a aclararse despacio, un tímido rayo de sol le alcanzó en la cara y como si despertara de un largo sueño, se asomo a la baranda incrédulo, confundido para ver un poco mas claro el fondo del río donde dos pequeños surcos de agua arañaban el fondo lechoso, pedregoso y distante.
Volviéndose hacia donde había estado aquella visión extraña, irreal…no vio mas que la claridad que se abría paso de un nuevo día, excepto un pequeño charco en el que se encontraban unas hojas de periódico cogiendolo entre sus manos, leyó la primera pagina “Terrible riada en Sabadell” y bajo el titular una foto donde se veía un grupo de personas ayudando a un hombre que desde la repisa del muro tendía cuerdas  inclinado hacia abajo al río desbordado.
Y seguía el titular .. Este hombre logró escapar  de la fábrica donde trabajaba, llegó hasta el pont de la salut donde con ayuda de otros vecinos logró salvar a varias personas. Lamentablemente falleció mientras intentaba salvar a una mujer con su hija pequeña agarradas a una vieja viga.
   
El viejo gallo volvió a cantar….

Las luces en las casas empezaron a encenderse, los despertadores a sonar, los coches a recorrer aquellas calles desiertas y nuestro hombre confundido, no sabiendo bien donde estaba ni que hacia en aquel lugar, caminó esta vez mas rápido sobre sus pasos; no sin antes mirar la fecha del diario. “26 de septiembre de 1962 “

En su camino hacia ninguna parte se encontró varias furgonetas de reparto su letrero era granja Martínez, 50 años vendiendo huevos
Desde 1962 hasta 2012.

    

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